El ideal caballeresco

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“Faltó en el mundo la caridad, la lealtad, la justicia y la verdad; comenzó la enemistad, la deslealtad, la injusticia y la falsedad, y por eso en el pueblo de Dios hubo error y turbación… Y por eso se hicieron del pueblo grupos de mil, y de cada mil fue elegido y escogido un hombre más amable, más sabio, más leal y más fuerte, y con más noble espíritu, con más educación y mejores modales que todos los demás. Se buscó entre todos los animales cuál es el más bello y el que corre más y pueda sostener más trabajo, y cuál es el más conveniente para servir al hombre, y por eso se eligió entre todos los animales al caballo, y se le dio al hombre que había sido elegido entre mil hombres: y por eso aquel hombre se le llama caballero.”
Ramón Llull

Componente fundamental en el Quijote es la presencia de los libros de caballerías, por más que Cervantes los caricaturice y ridiculice sus fabulosos disparates. Toda buena parodia implica un profundo conocimiento de lo parodiado, y el Quijote es —entre otras cosas— una parodia magistral.

Son muchos los episodios, los motivos e incluso los procedimientos formales que remiten paródicamente  a los libros de caballerías, desde los molinos de viento, los rebaños-ejércitos, la penitencia en Sierra Morena, la historia de la Micomicona, la cueva de Montesinos, el barco encantado o el vuelo de Clavileño, hasta el recurso de los encantadores, el remedo estilístico de la fabla caballeresca y la misma invención del autor moro Cide Hamete Benengeli, pasando por los motivos del bálsamo de Fierabrás, el yelmo de Mambrino, etc.

A la reminiscencia de Amadís de Gaula — a cuyo protagonista imita don Quijote en la penitencia de Sierra Morena — y de otras novelas de caballerías — ciclo de Amadís, de los Palmerines, etc.— hay que añadir la de Tirante el Blanco, por su localización en la conocida geografía mediterránea, sus tipos humanos y su coloquialismo en los diálogos; la de Primaleón y Polendos y su extravagante hidalgo Camilote; y la del Caballero Cifar y su escudero Rinaldo.

Es muy importante también la reminiscencia de los poemas caballerescos del Renacimiento italiano. Figuras, episodios y situaciones del Orlando furioso, de Ludovico Ariosto y el Orlando enamorado de M. Boyardo, acaban siendo familiares al lector atento del Quijote.

Los ideales caballerescos impregnan por completo novela; conocerlos, aunque sea someramente, nos permitirá comprender mejor el texto y disfrutar más de él.

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