El Quijote (1605-1615)

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Parece ser que Cervantes tenía intención inicialmente de escribir un relato corto de tema metaliterario sobre un anciano hidalgo que enloquece de tanto leer libros de caballerías. Sin embargo, el escritor se decidió a convertirlo en una narración más extensa, una novela, complicándolo técnica y argumentalmente, pero sin abandonar el tono de parodia. Así, en el año 1605, salió a la luz El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. El enorme éxito de la novela dio lugar a numerosas reediciones y traducciones que se sucedieron durante años, hasta la publicación de la Segunda parte en 1615.

La novela es un relato lineal estructurado en dos partes bien diferenciadas y organizadas en torno a las tres salidas del protagonista.

Primera parte (1605): las dos primeras salidas

Don_Quixote_5Tal como hemos comentado, es posible que Cervantes tuviese la intención inicial de escribir un relato corto para plantear un tema de crítica literaria. Esta posibilidad se deduce del contenido de los seis primeros capítulos de la novela, concretamente los que narran la primera salida de don Quijote. Estos capítulos, conocidos como “la novelita” entre algunos estudiosos de la obra, podrían configurarse como una relato independiente, con una estructura y un argumento cerrados: Alonso Quijano, enloquecido por la lectura de malas novelas, se pone el nombre de don Quijote de la Mancha y abandona su casa para convertirse en un caballero andante. Sin embargo, sus aventuras fracasan pronto estrepitosamente y regresa maltrecho a su hogar.

Una vez allí, mientras se repone, sus amigos, el cura y el barbero, hacen una hoguera donde queman los libros que han provocado la locura del protagonista. Todos ellos son obras que existían en la vida real, novelas de éxito en la época. Uno a uno, van decidiendo cuál merece ser quemado y cuál debe ser salvado. Si el Quijote finalizase con este episodio, el autor terminaría su novela con una reflexión sobre la literatura de su época, que era el primer objetivo de su obra.

Sin embargo, Cervantes decidió continuar con su narración. En el capítulo VII, apenas un mes después del forzoso regreso a su hogar, don Quijote se dispone a salir de nuevo. Para ello, pide a Sancho Panza que se convierta en su escudero, y juntos emprenden la segunda salida. A partir de aquí, Cervantes comienza a desarrollar un recurso típico de los libros de caballerías: inventa la figura de un historiador, Cide Hamete Benengeli, sabio cronista arábigo que ha recopilado todas las hazañas y aventuras del famoso don Quijote de la Mancha y cuyos textos el narrador dice limitarse a traducir.

Esas aventuras son muy numerosas: el famoso episodio de los molinos de viento a los que se enfrenta el protagonista debido a que los confunde con gigantes; el de los cueros de vino con los que se bate en sueños en la venta; el humorístico juicio para averiguar si la bacía de barbero que don Quijote cree que es el yelmo de Mambrino (el cual, según la creencia, hacía invisible a su portador) es definitivamente yelmo o bacía; la misión que encomienda a Sancho de llevarle una carta de amor a Dulcinea y que Sancho no lleva a buen término, un elemento común que las caracteriza: don Quijote siempre ve el mundo real a través del prisma de la literatura y tiene un empeño constante en que la vida sea como la ha conocido en los libros.

La primera parte, además, está llena de digresiones y de variados personajes, cuyas historias se van cruzando con la de don Quijote y Sancho.

Segunda parte (1615): la tercera salida

La segunda parte se caracteriza por la habilidad con que Cervantes se mueve de la realidad a la ficción y viceversa. De hecho, el argumento arranca de un rato real: la primera parte del Quijote ha tenido gran éxito y el autor quiere dejar constancia de ello en la segunda. Cuando comienza la acción, encontramos a don Quijote y a Sancho conversando con el bachiller Sansón Carrasco sobre los famosos que los ha hecho la crónica de Cide Hamete Benengeli.

clavilec3b1o-2.jpgLos protagonistas se separan para salir de nuevo y dar al historiador más motivos para escribir sobre ellos. En su tercera salida, vivirán las aventuras del Palacio de los Duques, el gobierno de Sancho en la ínsula Barataria o los enfrentamientos con el Caballero de los Espejos y el de la Blanca Luna (en realidad, el bachiller Sansón Carrasco disfrazado). Pero también sufrirán una desagradable experiencia: “un embustero perverso” ha escrito una “falsa historia sobre don Quijote y Sancho” y existen unos impostores que andan por ahí haciéndose pasar por ellos intentando manchar su buena reputación.

Con este episodio, el autor alude de nuevo a la vida real: se refiere a la publicación del Quijote de Avellaneda, obra que un enemigo suyo, oculto bajo seudónimo, escribe como pretexto para atacar la creación literaria de Cervantes e insultarlo. Cervantes, a través de sus personajes, responde a Avellaneda y deja bien claro quiénes son los verdaderos don Quijote y Sancho.

El desenlace de la novela viene dado por el desánimo que los últimos acontecimientos provocan en don Quijote: ha sido derrotado en la playa de Barcelona por el Caballero de la Blanca Luna y se ha malogrado su sueño de convertirse en un héroe legendario. Desencantado, decide regresar a casa, donde muere rodeado de su familia y sus amigos.

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El final de la novela adquiere una doble interpretación. La primera se relaciona con la ficción novelesca: sin ideales, don Quijote no puede vivir, solo la vida literaria tiene razón de ser para él. La segunda tiene que ver con la realidad: la muerte del protagonista es un recurso de Cervantes para evitar que vuelva a ocurrir lo sucedido con Avellaneda: muerto el protagonista, ya no habrá otras continuaciones posibles para el relato.

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