Galileo Galilei (1564-1642)

Daniel Armisén Barros

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Galileo nació el 15 de febrero de 1564 en Pisa. Fue educado en el monasterio de Vallombrosa, cerca de Florencia. En 1581 ingresó a la Universidad de Pisa para estudiar medicina. Durante el primer año de su carrera, y encontrándose un día en la catedral de Pisa, se dice que al observar una lámpara oscilando, descubrió que esta tardaba siempre lo mismo en producir una oscilación, aunque estas redujeran gradualmente su amplitud. Más tarde, Galileo verificó experimentalmente su observación y propuso el empleo del péndulo como elemento regulador del tiempo en los relojes.

Hasta la observación de la lámpara oscilante, Galileo no había recibido estudios matemáticos. Al participar, por casualidad de una clase de geometría, se despertó su interés por las ciencias exactas y comenzó a estudiar matemáticas. En 1585, y antes de graduarse, debió abandonar la universidad a causa de problemas económicos.

A continuación, Galileo comenzó a investigar las teorías del movimiento, con cuerpos de diferente peso que caen a diferentes velocidades. Otra vez con dificultades económicas en 1592, solicita y obtiene la cátedra de matemáticas en Padua, donde desarrollaría, durante los siguientes dieciocho años, sus trabajos más importantes.

Continuando sus investigaciones sobre el movimiento, alrededor de 1604, demuestra que los cuerpos que caen, cumplen la ley del movimiento uniformemente acelerado (según la cual, en tal movimiento, los cuerpos aumentan o disminuyen de velocidad uniformemente con el tiempo). Galileo estableció también la ley de la caída parabólica, que afirma que la trayectoria descrita por el centro de una bola que cae, es una parábola.

telescopio-galileoA finales del siglo XVI, y conociendo la propuesta de Nicolás Copérnico, de que los planetas orbitaban alrededor del Sol, aunque no se atrevía todavía a difundirla, ya estaba convencido de su validez. Durante la primavera de 1609, se entera en Venecia de la invención del telescopio y a su regreso a Padua comienza por construir uno que aumenta al triple su tamaño y luego otro que multiplica por 32. Galileo logró tal proeza después de diseñar su propio método de verificación de las lentes. Sus instrumentos permiten observaciones astronómica precisas y pronto fueron solicitados por personajes más influyentes de todas partes de Europa.

Galileo comenzó a publicar sus observaciones a fines de 1609 y anunció importantes descubrimientos en 1610. Describió la superficie de la Luna como una superficie áspera y desigual y no lisa como se creía. Dijo que la Vía Láctea  consistía en una gran colección de estrellas y en torno a Júpiter halló cuatro satélites, nunca antes vistos, que llamó Sidera Medicea. Afirmó que Venus presentaba fases como la Luna, tal como debía ser si se lo consideraba un planeta con su órbita interior a la Tierra. Este descubrimiento resulta interesante, pues Copérnico había sostenido que al no observarse las fases, tanto Mercurio como Venus debían ser planetas transparentes. También estudió Saturno, del que afirmó que era un cuerpo compuesto de estrellas, con una central, mayor que las otras.

Durante su visita a Roma en 1611, la demostración de su telescopio le proporciono grandes halagos de parte de las personalidades más importantes, que lo animaron a publicar en 1913. En ellas se apoyó la teoría copernicana, al exponer que el movimiento de rotación de las manchas solares contradecía los argumentos geocéntricos de Ptolomeo y daban la razón a los heliocéntricos de Copérnico.

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Gran orador, sus pensamientos pronto fueron aprobados por los círculos universitarios. Los profesores de la escuela aristotélica reaccionaron al verse intelectualmente amenazados y replantearon a las autoridades eclesiásticas la contradicción entre la teoría de Copérnico y las Escrituras. Con el apoyo de los dominicos, acusaron a Galileo ante la Inquisición, por sus blasfemias.

Muy alarmado, Galileo respaldado por el monje benedictino B. Castelli, uno de sus discípulos, escribió cartas al Gran Duque de Toscana y a las autoridades de Roma, recordando a la iglesia su práctica de interpretar las Escrituras como símbolo de la verdad científica. Y en persona rogó a las autoridades romanas que abrieran el camino al cambio.

Desgraciadamente, el cardenal Roberto Bellarmino, jefe de teólogos de la iglesia, no fue capaz de apreciar la importancia de las nuevas teorías y se aferró a la creencia tradicional de que las hipótesis matemáticas no tenían nada que ver con la realidad física. En cambio, sólo valoró el riesgo de un escándalo, que podría perjudicar al Catolicismo a favor del Protestantismo, y para evitarlo hizo declarar “falso y erróneo” el argumento copernicano, e incluyó en el Índice de libros prohibidos el libro de Copérnico, con un decreto que se publicó el 5 de marzo de 1616. Como deferencia personal hacia Galileo, le advirtió del decreto una semana antes, diciéndole que no debía “ni respaldar ni defender” la doctrina que podría aún discutirse, pero como mera “hipótesis matemática”.

Durante los siguientes siete años, hasta 1623, Galileo se concentró en diferentes estudios en su casa de Florencia. En respuesta a un artículo sobre la naturaleza de los cometas, escribió el ensayo Saggiatore, en donde escribió el célebre enunciado: el “Libro de la Naturaleza… está escrito en caracteres matemáticos”. El libro fue dedicado al nuevo papa Urbano VIII, antiguo amigo y protector de Galileo, quién lo recibió con entusiasmo.

En 1624, Galileo regresó a Roma y solicitó la revocación del decreto de 1616, pero sólo obtuvo permiso del Papa para escribir sobre “los sistemas del mundo” Copernicano y de Ptolomeo, siempre que los discutiera sin anteponerlos, y concluyera que el hombre no puede presumir de conocer cómo está hecho el mundo realmente, “porque Dios pudo haber logrado su creación de maneras no imaginadas por el hombre, quién no debe poner límites a la omnipotencia Divina”. En Roma, tuvo oportunidad de ver uno de los primeros microscopios compuestos. Y habiendo ya experimentado con lentes para la observación de objetos pequeños, sus conocimientos de óptica le permitieron desarrollar varias mejoras en su diseño.

Cuando el sistema copernicano desplaza a la Tierra del centro del Universo, crea un enorme vacío conceptual, al no explicar la total falta de percepción del movimiento que la anima. Galileo recurre al estudio del movimiento de bolas en planos inclinados, y al tiempo que inicia la física experimental, anota que si una bola baja rodando por un plano y trepa luego a otro, proseguirá hasta obtener la misma altura sobre el piso de la que partió, sin importar las inclinaciones de los dos planos. Dedujo entonces, que si el segundo plano es horizontal, la bola, incapaz de llegar a la altura de partida, tendría que rodar indefinidamente. De esta observación, concluyó que los cuerpos no necesitan una causa próxima para permanecer en movimiento y un cuerpo en movimiento en dirección horizontal, tendería a seguir moviéndose hasta que algo interfiriera con él. Por esta razón, el movimiento de la Tierra no es aparente: la superficie de la Tierra y lo que hay sobre ella, se mueve todo siempre junto, y entonces sólo parece estar en reposo.

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Desgraciadamente, el Papa fue asesorado de que la obra hacía aparecer la conclusión impuesta por decreto papal. El Papa disgustado ordenó un juicio, pero como el autor estaba protegido por las debidas licencias, sólo se pudo destituir a los otorgantes de las mismas y prohibir el libro. Pero durante los trámites, se descubrió un documento del 26 de febrero de 1616, confeccionado durante la audiencia con Bellarmino, en que a Galileo se le prohibía “enseñar o discutir sobre el sistema de Copérnico en cualquier forma” o sería penalizado por el Santo Ufficio. En consecuencia se declaró que la obtención de la licencia había sido forzada con falsos pretextos. Cuando el archivo fue finalmente publicado, hacia 1877, los diversos historiadores del tema coincidieron en que el documento había sido planeado, y que Galileo nunca recibió una tal prohibición. Sin embargo, en su tiempo, permitió a las autoridades eclesiásticas acusarlo de “vehemente sospecha de herejía”. A pesar de sus reclamos de imposibilidad a causa de la edad y enfermedad, fue obligado a viajar a Roma, en febrero de 1633 para acudir a un juicio. Se le trató con indulgencia, y no fue encarcelado. Durante un interrogatorio el 12 de Abril, declaró no haber recibido ninguna prohibición en 1616. El comisario general de la Inquisición, simpatizando con él, sugirió discretamente una vía que permitiría exonerarlo de una amonestación, pero en junio, la congregación decretó que debería ser sentenciado. La sentencia, que le fue leída el 21 de junio lo declaraba culpable de haber defendido y enseñado la doctrina copernicana y se le ordenó retractarse. Galileo, debió declarar conforme a un protocolo, que “abjuraba, maldecía y detestaba” sus pasados errores. La cláusula de prisión, incluida en la sentencia, fue conmutada por arresto domiciliario, que se cumplió, hasta su muerte, en su propiedad de Arcetri, cerca de Florencia, a donde regresó en diciembre de 1633.

En su reclusión sigue con sus estudios fundamentados en el movimiento, en dos secciones y establece por primera vez leyes para: la caída libre, el movimiento sobre planos inclinados, la suma de movimientos independientes, el movimiento de proyectiles, etc. y es el primero en exponer el concepto mecánico de fuerza. En 1637 realiza su último descubrimiento importante con el telescopio, al anunciar y describir los movimientos de libración de la Luna. Cerca de su fin y ya ciego, dictó a dos de sus discípulos: Evangelista Torricelli y Vincenzo Viviani, sus pensamientos sobre fenómenos de impacto. A fines de 1641 le sobreviene una fiebre pertinaz, y muere el 8 de enero del año siguiente.

[Fuentes: https://www.lpi.tel.uva.es/~nacho/docencia/EMC/trabajos_02_03/RADIOASTRONOMIA/web/Indice/Bio/I_Bio/Renacimiento/8_2_2/Gal_C.htm y http://uruguayeduca.edu.uy/Portal.Base/Web/verContenido.aspx?ID=202765]